Psicología

El difícil duelo al que se enfrenta la hija del bodeguero Iván Sanz, única superviviente del accidente: "Hay que sostener la frustración e incluso la culpa"

El bodeguero Iván Sanz
El bodeguero Iván Sanz en una imagen en redes sociales. Instagram @dehesadeloscanonigos
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El terrible accidente de tráfico que ha terminado con la vida de Iván Sanz, su mujer y sus dos hijos mayores deja una quinta víctima: Carlota, la pequeña de 9 años y única superviviente de la tragedia. ¿Cómo vive una niña como ella un suceso tan dramático? ¿A qué se enfrenta y, lo más importante, de qué manera se la puede acompañar y cómo ayudarla a superar una pérdida de estas dimensiones? Para resolver estas dudas desde la web de 'Informativos Telecinco' hemos contactado con Mª Teresa Vázquez Resino, psicóloga general sanitaria experta en psicología de emergencias y catástrofes, duelo y trauma, miembro del grupo de trabajo de psicología de emergencias, urgencias y catástrofes, y del grupo de buen trato a personas mayores en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. Esta experta ha atendido a víctimas de tragedias como el accidente de Adamuz o el terremoto de Venezuela, entre las más recientes.

Procesar un duelo ante algo para lo que nadie está preparado

Vázquez Resino subraya la dureza de un acontecimiento como este: “No estamos preparados psicológicamente a afrontar situaciones de tal magnitud emocional”, explica, “y menos aún un niño o niña de tan corta edad”. Uno de los puntos que destaca es que “se fractura el sentimiento de seguridad y de confianza en el mundo que les rodea”. Se trata de un acontecimiento denominado traumático por los psicólogos, “ya que no forman parte de las experiencias vitales habituales”. Por tanto, se puede esperar cualquier reacción, porque nadie espera vivir algo así. “Son reacciones normales ante sucesos anormales”.

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Ante un suceso de estas dimensiones, Vázquez recomienda “proteger y acompañar al menor, conocer sus reacciones ante la pérdida y ayudarlos de manera adecuada”. Es importante señalar que la pequeña Carlota ha perdido a sus referentes familiares primarios, por lo que va a necesitar encontrar “esa figura de apego en un pariente cercano que le transmita esa cercanía, protección y seguridad”. En definitiva, su entorno ha de recordar que “han desaparecido sus personas de referencia”, por lo que “debemos convertirnos en esas personas”.

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No ocultar, pero tampoco subrayar

Hablarles con voz suave, abrazarlos si lo aceptan, cogerles de las manos, decirles que no están solos…, son gestos que ayudan a un menor a recuperar la calma, explica la psicóloga. Y, aunque no hay que esconder nada, “tampoco hay que incidir en aspectos o detalles que no sean necesarios”, ya que desconocemos qué recuerda del accidente y reavivarlo puede aumentar, explica, el miedo y la confusión. Es vital "emplear palabras sencillas, adaptadas a su edad y nivel de comprensión”, y también es esencial validar todas sus emociones: “Las emociones se contagian, por lo cual una presencia tranquila y cercana reconforta más que largas explicaciones”.

Cada niño es un mundo, y la experta nos recuerda que Carlota tendrá sus particularidades, educación e incluso grado de resiliencia (“los niños tienen una mente muy plástica y adaptativa”, subraya); por ello, es esencial “ajustarse a sus necesidades, que pueden variar en cada pequeño”, y recuerda que, en todo caso, en cualquier duelo existe un vacío. Los gestos, la escucha y la comprensión irán resignificando esos vacíos emocionales día a día: “Se trata de ir sosteniendo la frustración e incluso la culpa de ser la única superviviente”. Sin racionalizar, sin justificar y, por supuesto, sin buscar culpables. A la recuperación ayuda “mantener rutinas habituales, reforzar las fortalezas, los gustos y capacidades de la niña en ese tránsito vital y relación con el entorno, hasta llegar a un periodo de aceptación”.

Síntomas del trauma y cómo ayudar

El duelo “hay que pasarlo”, advierte, pero tendrá distintas etapas: shock emocional, tristeza, rabia… “Debemos observar que las reacciones emocionales en esas etapas no se intensifiquen ni se alarguen más de lo normal”, explica la psicóloga. También nos comenta que el primer mes son reacciones normales, consecuencia del estrés agudo. Pero si persisten pasado un mes o se intensifican, estaríamos ante un trastorno de estrés postraumático “que debe ser evaluado por un profesional especializado”, es decir, por un psicólogo.

En la etapa del trauma, María Teresa Vázquez recomienda “huir de la ambigüedad y no borrar los recuerdos; al contrario, mantener la memoria de forma respetuosa” e incluso hacer, en esta primera etapa del duelo, “rituales o juegos con los niños, que les ayuden a comprender la muerte de forma menos confusa, reduciendo fantasías habituales como la idea de que los familiares pueden regresar”. 

¿Qué signos deberían hacernos estar alerta? Vázquez enumera algunos: no querer hablar, aislarse, no relacionarse con otros niños, problemas de sueño (pesadillas, terrores nocturnos con flashes del accidente) o enuresis nocturna (volver a hacerse pis en la cama) pueden advertirnos de que algo está ocurriendo. También lo son el miedo a salir (agorafobia) o a montar en algún medio de transporte, angustia intensa al escuchar frenazos o sirenas, evitar hablar del accidente, rechazar lugares que le recuerden lo ocurrido, miedo constante, tristeza, irritabilidad o cambios bruscos de ánimo, pérdida de interés por cosas que antes le gustaban, dificultad para sentir emociones positivas o estar en estado de hipervigilancia… A menudo, recuerda, en estas edades “las emociones no siempre se expresan con palabras, con frecuencia se manifiestan a través de cambios en la conducta”.

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Consejos para ayudar y acompañar

Ante una situación de duelo tan complicado como el de Carlota, María Teresa Vázquez ofrece algunos consejos para el entorno más cercano. El primero, que sienta que esas personas siempre están ahí. “Muchas veces, la presencia vale más que las palabras. La seguridad y el generar bienestar y reconfortar con la mirada y los abrazos pueden ser suficientes”. 

También señala que las actividades creativas ayudan en la recuperación y en la gestión de sus emociones: jugar con sus juguetes, juegos y muñecas favoritas (y estar atento a cómo reacciona), manualidades, dibujos, moldear arcilla…, pueden ser de gran ayuda y, en el caso de los profesionales, puede detectar síntomas como fobias o disociación. Escribir un diario, resignificar recuerdos mediante fotografías, música o lectura también son de ayuda. 

La psicóloga Mayte Vázquez

Vázquez nos recuerda que el duelo infantil suele ser intermitente: “Puede ocurrir que pase de llorar a jugar en pocos minutos”, lo cual “no significa que haya olvidado a la persona fallecida, sino que su forma de elaborar el dolor es diferente a la de los adultos”.

Por último, lanza un mensaje esperanzador: “En muchos casos, con afecto, estabilidad, acompañamiento y tiempo, la niña logrará adaptarse progresivamente a lo vivido”, pero vuelve a recordar que "si el malestar persiste o se intensifica, es importante buscar apoyo profesional”.