Ana Herrero, madre de Borja, desaparecido hace 12 años: "Hablo en presente de mi hijo, aunque a veces se me escapa hacerlo en pasado"

El vitoriano Borja Lázaro de 34 años desapareció hace 12 en Colombia durante un viaje por Sudamérica
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Vitoria-GasteizAna Herrero, de 79 años lleva los últimos 12 sin saber nada de su hijo pequeño Borja, desaparecido mientras viajaba por Colombia. A lo largo de este tiempo, no ha pasado un solo día sin recordarle o mentarle, aunque “la furia que sientes al principio se va aplacando”, admite. Borja siempre está en su cabeza, pero también está presente en casa, “yo no he quitado nada”, aquí siguen los discos y libros de este ingeniero informático al que su madre describe como “muy activo, sonriente, amigo de sus amigos y buena persona” y la familia no evita en sus conversaciones seguir hablando de él, aunque sea con dolor.
Ana sabe bien el sufrimiento que implica perder el rastro de un ser querido. “Cuando un familiar muere, lo tienes claro aunque el proceso de duelo varíe en función de la persona, pero nosotros estamos en una especie de limbo, la desaparición no acaba nunca”, lamenta.
Borja tenía 34 años cuando desapareció la noche del 7 al 8 de enero de 2014, en la localidad costera de El Cabo de la Vela, en La Guajira (Colombia). El de Vitoria era, como recuerda su madre, “un viajero experto que había recorrido medio mundo”, por eso a su entorno no les extraño que aparcara temporalmente su empleo en Luxemburgo para tomarse “un tiempo sabático para viajar por Sudamérica”.
El último WhatsApp
El 6 de enero, dos días antes de su desaparición, fue la última vez que Ana habló con su hijo, fue a través de WhatsApp: “Me escribió desde Santa Marta para decirme que iba a llevarles a los wayúus las fotos impresas que les había hecho, y que ya se comunicaría cuando tuviera cobertura”. Desde entonces, silencio. Sus pertenencias se encontraron en el establecimiento en el que se alojaba.

Durante 10 años, cada 8 de enero soportando lluvia, nieve y “mucho frío” la familia y los amigos de Borja se concentraban, acompañados por representantes institucionales, para recordarle. “Hace dos años, coincidiendo con el décimo aniversario, nos pareció una fecha redonda para dejar de hacerlo”, recuerda. También entonces, realizaron los trámites para declararlo oficialmente muerto, porque “estás vivo o muerto, una desaparición es la nada”.
Ana, ya jubilada, habla de su hijo con todo aquel que se lo pida, y mantiene el contacto con muchas familias que han vivido la desaparición de algún ser querido. “No eres consciente de la cantidad de gente que desaparece y de la que no se vuelve a saber nada, hasta que te toca a ti”. Convencida de que “hay que seguir haciéndoles visibles, no hay que dejar que desaparezcan de verdad”, puntualiza esta madre que recuerda con pesar “todas las cosas que se ha perdido Borja en estos 12 años: celebraciones, eventos, las navidades”.
Consciente de que, tal vez, “nunca sepamos lo que pasó” o “si llegaremos a recuperar sus restos, en el peor de los casos”, Ana sigue hablando de su hijo pequeño en presente, “procuro hacerlo aunque a veces, ha pasado tanto tiempo, que se me escapa hacerlo en pasado”.
