Este mexicano es uno de los productores musicales más reconocidos del mundo que combina sus trabajos en grandes espectáculos con la enseñanza en Valencia
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En una estantería de su casa, en el céntrico barrio de La Xerea en Valencia, Pablo acaba de colocar el último de los 8 Emmys que ha ganado a lo largo de su exitosa carrera como ingeniero de sonido y productor musical de grandes espectáculos televisivos. Una eminencia en el mundo de la música y la televisión, pero un gran desconocido para el gran público, incluso, en la calle donde vive. "Hace un tiempo mis vecinos del edificio de enfrente me preguntaron a qué me dedicaba porque un amigo suyo que trabaja en televisión se había asomado a la ventana y había visto sorprendido los Emmy en mi casa. Les expliqué a qué me dedicaba y nos conocemos desde entonces", cuenta entre risas Pablo Munguía, profesor de Berklee Valencia.
La octava estatuilla la recibió el pasado 15 de septiembre en la gala de los premios Emmy por su trabajo como mezclador de sonido en el espectáculo protagonizado por Bad Bunny durante el intermedio de la última Superbowl. "Me encantó estar involucrado en este proyecto por su mensaje. Nos llevó como público a conocer las dificultades que vive el pueblo puertorriqueño y todos los iberoamericanos, que como dice Octavio Paz, vivimos tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos. Fue muy valiente con una crítica tan apuntada porque tenía riesgo de que lo cancelaran y lo manejó todo de forma muy inteligente", asegura.
Esta era la vigésima ocasión en la que trabajaba en el equipo de sonido del espectáculo de la Superbowl, también ha participado en la gala de los Óscar y en los eventos televisivos más importantes del mundo. Antes había participado en la producción de discos de grandes estrellas como Taylor Swift, Beyoncé, Madonna, Céline Dion, Barbra Streisand, Justin Timberlake o Britney Spears entre muchos otros. "Ha sido increíble trabajar con estos artistas", asegura, aunque nada comparable a hacerlo con Prince. "Fue un gran ídolo para mí. La oportunidad de conocerlo en persona y trabajar con él fue un sueño. Y otro gran sueño para mí fue trabajar con The Who. El primer disco que yo compré en mi vida era de The Who y bueno, el día que me contrataron fue sorprendente. Y claro, cuando levantas los faders por primera vez y escuchas la guitarra y la batería dices, wow, pues esto es lo que siempre soñé hacer".

Unas vivencias y unos galardones que jamás imaginó conseguir, aunque para Pablo los reconocimientos no son el mejor premio. "Lo más importante para mí, es que encontré esa cosa que me encanta hacer y eso es un regalo", afirma.
Una carrera tardía
Este mexicano se enamoró de la música desde pequeño, pero sus excelentes notas en la escuela le llevaron por otros caminos. "Como iba bien me decían que tenía que estudiar algo de física o matemáticas y empecé una carrera de ciencias materiales. Haciendo mi doctorado en IBM tuve la fortuna de conocer una persona tan apasionada con lo que estábamos haciendo, que me di cuenta que yo no tenía esa pasión y lo que quería era levantarme cada día con el mismo empuje y las mismas ganas que él", recuerda.
Con 25 años cumplidos acudió a una biblioteca para encontrar qué estudiar para dedicarse a su pasión, la música. "Cada vez que tenía tiempo libre iba a México con mi grupo de música e intentaba que nuestras canciones sonaran como lo hacían en la radio y quería aprender a hacer eso. Fue entonces, cuando encontré la producción musical de ingeniería de sonido, eso sonaba a lo quería hacer y solo se estudiaba en la escuela de Berklee en Boston", explica.
Con más ilusión que esperanzas solicitó su admisión. "Era mi apuesta. Pensé que si me aceptaban y me daban una beca iría allí y ocurrió, así que fui a estudiar la carrera musical y endeudarme mucho más".
Con los estudios terminados, Pablo puso rumbo a Los Ángeles para intentar entrar en el mundillo de la música, aunque lo que más le apremiaba era comenzar a ganar dinero para afrontar sus deudas. "Empecé mi carrera desde cero, me fui colando en los estudios y tuve la gran fortuna de empezar a trabajar en un estudio de los grandes de Los Ángeles. Ahí conocí a medio mundo a todos mis ídolos, ingenieros, productores, artistas, compositores y de esos conocidos, uno de ellos me invitó a trabajar en la gala de los Óscar, fue mi gran oportunidad, lo di todo y a partir de ahí empecé a trabajar en espectáculos de televisión", relata.
Enamorado de Valencia
Hace una década, Pablo recibió una oferta de Berklee para dirigir el departamento de producción musical en la escuela de Valencia. "Mi esposa y yo vivíamos en Los Ángeles y no teníamos ningún plan de mudarnos, pero dijimos vamos a conocer Valencia, vamos a conocer Europa, a ver qué tal nos va y no habían pasado ni dos años y dijimos, aquí nos quedamos", asegura.
Tras una vida en la que ha recorrido medio mundo se enamoró de Valencia, de su calidad de vida y de su cultura musical. "En su sitio ideal para vivir y crear una familia. Un lugar donde la música se vive todos los días y por todos lados, todo va a va de la mano de la música. No hay un solo evento en Valencia que no tenga música. Mi esposa dice que aquí no hay una excusa lo suficientemente pequeña para no ponerse a tocar música, bailar y disfrutar. El único lugar en el que yo he vivido, que tiene este tipo de cultura es Nueva Orleans en Estados Unidos".
Junto con sus trabajos como productor musical, Pablo disfruta de una nueva pasión, formar a los estudiantes que llegan a la escuela valenciana y transmitirles su amor por la profesión. "Siempre los trato con la mayor humildad y la mayor honestidad posible. Busco incluirlos en los shows en los que participo, les envío vídeos y los invito a hacer tours virtuales, incluso acuden a alguno. Lo que quiero es inspirarles y que vean que es posible conseguirlo".

