Vivienda

Qué es la 'tasa de esfuerzo', el importante filtro que usan los bancos y que está frenando la compra de pisos en España

Un cartel de se vende de una inmobiliaria en Madrid
Un cartel de se vende de una inmobiliaria en Madrid. Europa Press
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Comprar una vivienda en España se ha convertido en uno de los mayores desafíos de los últimos años. De hecho, el propio Banco Central Europeo (BCE) ha afirmado que la vivienda en nuestro país está sobrevalorada más de un 20%, igual que en la crisis de 2008.

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Sin embargo, aunque el precio continúa siendo uno de los principales obstáculos, existe un indicador menos conocido que está ganando peso en las decisiones de los bancos y condicionando cada vez más el acceso a una hipoteca: la llamada tasa de esfuerzo.

Este parámetro financiero se ha convertido en una auténtica línea roja para miles de familias y explica por qué muchas operaciones ni siquiera llegan a la fase final de estudio.

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Qué es la tasa de esfuerzo

La tasa de esfuerzo mide el porcentaje de ingresos mensuales de un hogar que se destina al pago de la hipoteca.

Su función es sencilla: determinar si una familia puede asumir una cuota hipotecaria sin poner en riesgo su estabilidad financiera.

El sector bancario considera saludable que ese porcentaje se sitúe aproximadamente entre el 30% y el 33% de los ingresos netos mensuales. Cuando una familia supera ese umbral, el riesgo financiero aumenta.

No significa necesariamente que el comprador no pueda pagar la vivienda, pero sí que cualquier imprevisto —desempleo, subida de tipos o aumento de gastos— puede generar dificultades. Y muy serias, además.

Por ese motivo, la tasa de esfuerzo se ha convertido en uno de los filtros más importantes utilizados por las entidades.

El encarecimiento de la vivienda ha cambiado el escenario

El mercado inmobiliario atraviesa una etapa muy distinta a la de hace pocos años. Los precios han experimentado incrementos importantes en numerosos territorios, lo que obliga a solicitar hipotecas más elevadas y asumir cuotas mensuales mayores.

El efecto, claro, es directo: aunque los salarios hayan aumentado en algunos casos, la capacidad real de compra no ha evolucionado al mismo ritmo. Esto provoca que cada vez más hogares se acerquen o superen los límites considerados razonables por las entidades financieras.

Como ejemplo puntual, en Valencia se ha llegado a registrar una tasa de esfuerzo cercana al 43%, un nivel claramente superior al rango considerado sostenible.

Y aunque ese dato corresponde a una provincia en concreto, el fenómeno se puede reproducir fácilmente en distintos mercados españoles.

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Uno de cada tres compradores se queda fuera

La realidad para el acceso a la vivienda es dura. Aproximadamente una de cada tres personas interesadas en adquirir una vivienda no supera el primer análisis realizado por los bancos. El motivo no siempre es la falta de ingresos.

Las entidades analizan múltiples variables:

  • Salario mensual
  • Estabilidad laboral
  • Nivel de endeudamiento
  • Gastos existentes
  • Ahorro disponible
  • Historial financiero

Cuando la cuota hipotecaria prevista supera los parámetros internos establecidos, muchas solicitudes son rechazadas automáticamente.

Esto genera una situación nueva: familias con empleo, capacidad de ahorro y solvencia aparente que, aun así, encuentran dificultades para acceder a financiación.

El euríbor vuelve a aumentar la presión

A la subida de precios se suma otro factor determinante: la evolución del euríbor. Este índice continúa siendo la principal referencia para millones de hipotecas variables en España y cualquier movimiento tiene efectos directos sobre las cuotas.

Tras periodos de mayor estabilidad, las variaciones recientes han devuelto incertidumbre a muchos hogares.

En una hipoteca media, pequeñas diferencias porcentuales pueden traducirse en varios cientos de euros adicionales al año. Para nuevos compradores, el efecto es doble.

No solo aumentan las cuotas futuras, sino que los criterios bancarios también se vuelven más exigentes al calcular el riesgo financiero.

El banco no analiza el hoy del comprador, sino el mañana

La banca ha reforzado los sistemas de evaluación tras años marcados por cambios económicos y elevada volatilidad. Actualmente las entidades no se limitan a valorar si un comprador puede pagar hoy. También analizan escenarios futuros.

Entre los elementos que más evalúan:

  • Posibles cambios laborales
  • Capacidad de ahorro residual
  • Evolución de gastos familiares
  • Dependencia de ingresos variables
  • Situación financiera global del hogar

El acceso a la vivienda depende cada vez menos exclusivamente del precio y cada vez más de la fortaleza financiera real del comprador.

Hay gente que comete errores habituales que pueden empeorar la situación

Y con todo ello, hay supuestos que pueden complicar todavía más una operación. Uno de los más habituales consiste en reservar una vivienda sin disponer todavía de la aprobación hipotecaria definitiva.

Cuando la financiación se retrasa o finalmente no llega, las consecuencias económicas pueden ser importantes.

También resulta frecuente calcular únicamente la cuota mensual sin valorar otros gastos asociados, impuestos, seguros, comunidad, mantenimiento y gastos extraordinarios.