Una pedagoga, sobre el papel de los niños en la elección de las clases extraescolares: "Las tienen que escoger ellos"

Charlamos con la pedagoga Ana María Reynoso, que advierte que el objetivo de las extraescolares "no es llenar la agenda, sino enriquecer la infancia”
El dilema de elegir bien las extraescolares, según una experta: "No recomiendo más de tres actividades a la semana"
La vuelta al cole trae consigo igualmente la vuelta a las extraescolares. Con el arranque el curso también lo harán las clases de idiomas, las de deporte o los talleres de toda clase de actividades. Nada más popular, posiblemente, que las extraescolares.
De hecho, según el estudio ‘La opción de las familias por la educación no formal en España’, de la Fundación Europea Sociedad y Educación para la Obra Social de la Fundación LaCaixa, solo un 21,1% de la población estudiantil española no va a alguna de estas actividades. Si bien es cierto que hay una brecha de renta (van el 50,8% de los niños y niñas de hogares de bajos ingresos frente al 80,4% de los de alto), participar es muy común.
De media, el 25,7% del estudiantado va a clases de refuerzo y un 69% a actividades extraescolares variadas y voluntarias (un 15,8% va a ambas). Cuanto más jóvenes, más habitual es que participen en este tipo de actividades: en Primaria, el 80% de los escolares van a extraescolares (luego cae al 60% en la ESO, el 50% en Bachillerato y el 40% en formación profesional). 3,6 horas cada semana se van este tipo de actividades, aunque si se pone el foco en algunas concretas, como las deportivas, la cifra sube a las 3,9.
Son muchas horas, muchas actividades y una oferta cada vez más amplia. Así que ¿qué papel deberían tener niñas y niños a la hora de establecer este horario?
No es (solo) una cosa de adultos
“Las extraescolares no tienen que ser ni una carrera de fondo ni una agenda imposible para los niños”, recuerda, antes de nada, Ana María Reynoso, profesora del Grado en Pedagogía de UNIR. “Cada vez tenemos más oferta y con ello más presión para elegir la que mejor se adapte a los niños y a su futuro”, reconoce, pero suma que el objetivo final debería ser “que disfruten, que aprendan”.
Por ello, las extraescolares “no debería convertirse en una prolongación de la jornada escolar, ni en una competición entre familias”, asegura la experta. Todas esas cosas que a veces se sienten como algo que los niños 'deberían hacer', desde hablar tal idioma o tocar tal instrumento, pueden ser cuestiones bastante relativas. Reynoso añade un elemento pragmático, que las extraescolares son muchas veces una palanca para facilitar la conciliación, pero añade que nunca deberían verse como algo obligatorio.
Por tanto, es importante que niñas y niños se sienten a la mesa para escoger a qué van a dedicar sus horas libres. “No deben elegir los padres, lo tienen que escoger los niños”, apunta. “Mi primera recomendación pedagógica es que los niños y niñas deben tener voz en esa elección”. Esto tampoco implica dejar un libre albedrío, porque las actividades extraescolares pueden ser muy caras y los horarios familiares importan a la hora de hacer el cruce de qué harán los escolares de la casa. Igualmente, no todas las actividades encajan con todas las franjas de edad. Reynoso apunta que “no significa que lo elijan todo” ni “tampoco imponer una actividad durante unos meses que rechaza, porque va a generar frustración”.
El método que recomienda esta experta pasa por hacer un filtrado previo y luego dar ese abanico ya ajustado.

“Una buena estrategia es ofrecerle varias opciones adecuadas a su edad y las posibilidades de la familia”, señala. Desde ahí hay que preguntarles qué les interesa y qué les podría gustar. “La clave estaría más bien en dar a elegir y no en dejar que el niño elija sin límite”, señala, y suma que al final esto debe ser “una cosa consensuada entre las dos partes y, sobre todo, algo que le hagan felices”. Como recuerda la pedagoga, ya bastante intensa es la jornada escolar como para ampliarla todavía más simplemente por los intereses de los adultos.
¿Cuántas actividades son demasiadas?
Un titular del medio satírico 'El Mundo Today' sentenciaba hace un par de años que los niños españoles ya tienen más clases extraescolares que escolares. Era humor, pero funcionaba porque se acercaba peligrosamente a la realidad. Las agendas infantiles se han sobrecargado. Pero ¿dónde debe estar el límite? Reynoso recomienda fijarse en la agenda de la niña o niño en cuestión, si esta realidad le está generando ya estrés y si le deja tiempo libre para jugar, aburrirse y descansar. “Hay que controlar que no les traspasemos el estrés de nuestra agenda laboral”, advierte.
Y ese no es el único punto de presión que deberían evitar padres y madres: tampoco hay que convertir cada extraescolar en una carrera por ser la mejor persona de la clase. O, como ejemplifica Reynoso, “esos padres que creen que por apuntarlo a fútbol su hijo va a ser Messi”. “Su hijo va a jugar, divertirse y aprender tanto a ganar como a perder”, señala. “Lo bueno es usar la extraescolar para que aprendan valores, para equivocarse y para experimentar, y para disfrutar”.
Por eso tampoco hay que obsesionarse con ciertas actividades sobre otras. Si un niño no quiere aprender chino y prefiere papiroflexia, no pasa nada. “No todas las actividades deben servir para algo”, apunta la pedagoga. Y si una niña no quiere seguir practicando inglés en clases extra tras hacerlo en el colegio, tampoco es un problema. Ningún adulto seguiría haciendo hojas de Excel en casa tras pasarse horas con ellas en la oficina. “Si no hacemos un aprendizaje atractivo, al final el niño va a aborrecerlo y será todo lo contrario”, advierte la experta.
Hoy, el abanico de actividades es tan variado que es posible encontrarlas para todos los gustos, algo importante porque son un escenario también para descubrir cuales son los propios intereses. “El objetivo no es llenar la agenda, sino enriquecer la infancia”.
Otro punto crucial es encontrar el equilibrio entre actividades formativas y deportivas, especialmente en una sociedad cada vez más sedentaria. Las extraescolares siguen para “crear valores y hábitos saludables”, asegura Reynoso. De hecho, por ejemplo, en Educación Infantil lo más interesante sería que, tras la escuela, tus padres te llevasen a jugar al parque.
