Psicología

"Solteros en pareja", una tendencia en las relaciones explicada por la psicóloga Sandra Ferrer: "No hay un nosotros"

Pareja sentada en un banco
Una pareja sentada en un banco. Pexels
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Frente a un mundo en el que la soledad no deseada se ha convertido en un gran problema, otras personas experimentan la soledad, o más bien el individualismo, aun teniendo pareja. Sandra Ferrer es psicóloga experta en apego y fundadora del Programa Mia, empresa de psicoterapia de alta especialización en relaciones y reparación de heridas de apego, y ha detectado una nueva tendencia en las relaciones sentimentales: la de los solteros en pareja. ¿Qué es ser un soltero en pareja, por qué se da este fenómeno de un tiempo a esta parte? Hemos hablado con ella para que nos dé las claves sobre esta nueva manera de relacionarse.

“Venimos de una época donde solo existía el nosotros”

Para empezar, ¿qué es exactamente ser un soltero en pareja? “Es una persona que en forma tiene un contrato de pareja, un compromiso formal con alguien, hace planes, convive, tiene en cuenta en sus vacaciones…, pero a nivel emocional no hay un nosotros construido”, nos explica Sandra. “Hay un yo y un tú, porque velamos tanto por nuestro espacio privado, tenemos tanto miedo a dañarnos y a que esto no avance, que no formamos equipo”. 

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El programa Mia, creado para reparar esos vínculos afectivos, nace porque se detecta esa demanda: “Empezamos a encontrarnos gente que nos decía: ‘No quiero que esto me afecte’, o que nos confesaba: ‘Quiero intimidad, pero a la vez lo que construyo no es íntimo’. Y las personas con un nivel de conciencia más alto se estaban dando cuenta de esta incoherencia”. Dicho de otro modo, quienes acudían a consulta estaban divididos entre querer entregarse más a la otra persona y no permitírselo

Pareja sentada en una carretera
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“El imaginario colectivo aplaude este modelo porque venimos de una época donde solo existía el nosotros: si ibas a algún sitio sin tu pareja te preguntaban si pasaba algo. Ahora, empezamos a tejer la relación pensando en que no hay certeza de que dure, en que de un momento a otro se puede acabar. Y se trata de un mecanismo defensivo. La sociedad en la que estamos aplaude ese modelo individualista”. 

Sin embargo, Ferrer reconoce que “seguimos recibiendo muchas demandas de personas en pareja que sienten que no hay equipo, que no pueden compartir su mundo interno. Convivan o no, cuando uno de los dos tiene un problema no lo comparte con el otro: lo restaura solo y cuando está bien va al encuentro”. Y en este punto, la psicóloga lanza una idea muy interesante: “La pareja ya no es el eje central, es el complemento: ‘Tengo un coche, tengo un piso, tengo una pareja”.

“Desarrollamos mecanismos de supervivencia para no sentir dolor”

El pensador Zygmunt Bauman hablaba del amor líquido, de relaciones interpersonales cada vez menos comprometidas, más superficiales y, en consecuencia, más frágiles. Y esto entronca con la idea de los solteros en pareja de los que habla Sandra Ferrer. ¿Por qué se da esta falta de compromiso? “Por dolor”, asegura. “El anhelo del ser humano es fundirse. Ahora nos hemos situado bajo el dogma de ‘no dependas de nadie porque te van a dañar”. 

“Cuando ha habido dolor”, continúa la experta en vínculos afectivos, “las personas desarrollan mecanismos de supervivencia para no volver a experimentarlo. Hay una demanda muy vista en consulta. Me dicen: ‘Me cuesta sentir’. Le ponemos mucha mente y toda la parte emocional, sensitiva, que fluye con la vida, desaparece, porque hay un plan milimetrado para estar a salvo”.

La influencia de las redes sociales en las nuevas parejas

Las redes sociales tienen un peso enorme en este modo de ver el mundo: “Mientras tenemos a la gente ocupada en Instagram dejamos de sentir. Vemos relaciones perfectas en las redes sociales, y racionalizamos algo que solo puede ser vivido”, concluye. 

Sandra Ferrer

Queremos, nos dice, relaciones perfectas, que no existen, pero sin involucrarnos. Así lo explica Ferrer: “Estamos en una sociedad en la que la vulnerabilidad, la entrega, no están de moda, no nos gusta experimentar. Estamos poco acostumbrados al dolor, y construimos una sociedad cada vez más hedonista. El individuo posmoderno odia el dolor, detesta la incertidumbre, detesta la espera, repudia la vulnerabilidad. A costa de sentirnos más fuertes estamos dejando de lado la experiencia de la intimidad relacional”. 

De hecho, la mayoría de gente que acude al programa Mia no tiene pareja. Lo que suele ver en terapia son casos de “monogamia consecutiva: relaciones monógamas que duran poco. Gente que fantasea con que esa vez sí va a ocurrir algo más duradero, pero no”. Porque las relaciones son algo distinto a lo que se han imaginado: “Viven bajo la fantasía de que va a ocurrir, pero en redes están poniendo una exigencia a lo que es la pareja tan alta que, de ser así, nadie tendría pareja”. 

Esas heridas de apego, esos mecanismos de defensa, están tan arraigados que, explica Sandra Ferrer, “cuesta distinguir qué es personalidad y qué es deseo. Te haces rígido, controlador, te impide abrirte”. Y añade: “Somos mamíferos, nuestra especie es vinculante”. En terapia, explica, “ablandamos esas corazas que les impiden darse”.

El “picoteo relacional” de quienes no desean tener pareja

El verano, además, es una época en la que las rupturas aumentan. ¿Qué explicación le encuentra Ferrer a este fenómeno? “Nosotros decimos que el verano no mejora tus relaciones: las intensifica. El malestar por heridas de apego aumenta en un 43%, y las demandas se doblan en consulta. El individuo posmoderno está acostumbrado a evadirse de sus afectos mediante el deporte, el trabajo, las rutinas… Cuando estás en verano no hay distractores, hay puro compartir”. 

Para conectar con el dolor que puede darse dentro de una pareja, dice la experta, necesitamos tiempo y espacio. Pero nuestra sociedad está diseñada para no tener lo que ella llama “caldero emocional”, es decir, capacidad para sostener cualquier emoción, positiva o negativa. En verano “conecto con mis necesidades, lo que me duele, lo que anhelo, y si tengo pareja veo más al otro y el otro me ve más a mí, por lo que hay más fricción y más intimidad, y eso me lleva a cohesionarme… o a distanciarme”, argumenta. 

Visto el panorama, ¿se puede ser feliz sin una relación romántica sólida? “Por supuesto”, afirma rotunda. “Pero no somos completos sin vínculos significativos”, matiza. Es decir, sin pareja hay que construir otro tipo de vínculos afectivos: con amigos, familia… En este punto, aporta otro concepto: el de “picoteo relacional”, que es tener muchos contactos, pero sin intimar con nadie. Y ahí está el problema. 

“Si una persona sin pareja”, continúa Sandra, “te dice: ‘Yo estoy a gusto así’, seguro que tiene vínculos significativos. Pero si lo que te dice es: ‘Yo no quiero pareja’, o está necesitando recuperarse de otra relación y se pueden lastimar o algo le sucede”. 

Consejos para mejorar una relación afectiva

¿Qué podemos hacer para establecer una relación de pareja más sólida pero saludable? La psicóloga da dos claves. La primera, “aceptar a la persona. El error que estamos viendo es ese: las personas son de una manera, y quieres que sean de otra”. La otra tiene que ver con la rigidez de quienes llevan mucho tiempo sin pareja: “Hay muy poca capacidad para la renuncia, para el compartir, para el cooperar. Lo visten como de mucha libertad, pero la gracia es hacer cosas juntos”, y remata: “Para querer, tienes que querer querer”.