La desgarradora carta de Javier, marido de una de las víctimas de Urda: "No hay palabras para describir este desconsuelo"
Javier Barrio es el marido de una de las víctimas del trágico accidente de Urda
Se retiran los dos últimos vagones que quedaban en el lugar del accidente ferroviario en Urda, Toledo
“Nena, dime algo”, bajo este título Javier Barrio, marido de una de las víctimas del trágico accidente de Urda, ha comenzado escribiendo una desgarradora carta en la que ha narrado cómo se enteró del accidente que le cambiaría para siempre la vida.
En el escrito, recogido por El País, narra el momento en el que descubrió que su mujer viajaba a bordo del tren accidentado que acabaría con la muerte de 69 personas.
La carta de Javier Barrio
"Soy el marido de Carmen de Santa Ana Gil, fallecida hace una semana en el accidente de tren de Urda y el título es el WhatsApp que le envié a las 10 de la mañana del pasado miércoles 28 de octubre. Desde la distancia del tiempo, ahora espero y deseo que, en el momento del WhatsApp, llevara muerta una hora; significaría que el sufrimiento habría sido mínimo. El mensaje culmina una serie de llamadas desesperadas en las que la crispación crece desde que vinculo su viaje con el accidente y, su secretaria, me dice que no contesta al teléfono. Viaja en el vagón 7 del AVE, asiento 15 A. Cuatro horas antes se había despedido, como siempre, con un cálido beso en un Madrid todavía anochecido.
Escapo de la oficina y camino por Arturo Soria en círculos concéntricos alrededor de mi trabajo. En los pasos un ruego enloquecido para que me devuelva la llamada. Dejo mis datos a Renfe después de 20 minutos de llamadas. Todavía no quiero poner en alerta a mis hijos. Marco (30 años) está en Torrejón de Ardoz; Alexander (28 años) vive en Cambrils.
Lo que entra es un mensaje del mayor al Family: “¿Ninguno cogía trenes hoy, verdad?”. Me veo obligado a llamar y confirmarles que “mamá va en el tren”.
Marco me dice que viene a buscarme y que nos vamos a Toledo. Álex inicia su largo viaje desde Cambrils. Comienzan las cábalas. Si Carmen viaja en el vagón 7 está en la cola del convoy; llegan noticias de que algunos están saliendo por su propio pie. Vamos a recogerla y nos la traemos a casa".
Tras narrar cómo fueron los momentos de angustiosa espera tras la llegada a Urda, Javier explica cómo finalmente se enteraron de la peor de las noticias: Carmen era una de las fallecidas.
"La llegada del viernes al CAF tiene una buena noticia; hay una reunión con la Guardia Civil en el salón principal para todos los afectados a las 10 de la mañana. No creemos que vayan a ser buenas noticias, pero estamos agotados y necesitamos certidumbres. Con tacto al principio y determinación después, un coronel y una comandante nos dicen lo que el alma repite a gritos hace horas. En el CAF hay un número de familias que se corresponde con el número de muertos en la morgue. Carmentxu está muerta y no va a volver. Estrecho la mano del coronel, agradecido porque sus palabras nos permiten empezar el duelo. La comandante se pone a llorar en mi hombro. Estoy muy cerca de las primeras filas y hemos intercambiado miradas crudas durante las interpelaciones. Confirman nuestros teléfonos porque llamarán a cada familia para confirmar el deceso, entregar el Certificado de Fallecimiento y ofrecer apoyo psicológico. Vuelta a la calle con mis hijos. Nos abrazamos con rabia y desconsuelo, no hay forma de dejar de llorar. Comienza la vida sin Carmen y decido que vamos a airearnos por Toledo. A la salida del Centro Diocesano me encuentro con multitud de cámaras y me pongo en el centro. Necesito verbalizar. La mosca no falta a la cita. Caminata por una Toledo empinada y vuelta después de comer. Nos vamos al hotel y el teléfono seguirá callado toda la noche".
"El sábado a primera hora, a la llegada al CAF, nos espera la Guardia Civil. Con delicadeza y determinación nos comunican de forma oficial el fallecimiento de Carmen.
Mi mujer fue velada en el cementerio de Pozuelo de Alarcón por todos los que la queríamos el Día de Todos los Santos en una ceremonia multitudinaria, como ella hubiera querido. Con familia, amigos, compañeros de trabajo y una gran representación del sector turístico en el que ella trabajó durante toda su vida.
Desde entonces en mi Spotify solo suena la música de funeral de Purcell. La reina Mary ha muerto y aprender a vivir sin ella va a ser el mayor reto de mi vida. No hay palabras para describir este desconsuelo".
