El método de los siete colores o cómo preparar a tus hijos para la vida real: "La clave es distinguir emociones de comportamiento"

Educación
Te contamos todo sobre el método que la coach Valeria Aragón lleva casi 20 años aplicando en niños. unsplash
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¿Qué necesita realmente un niño para desarrollar todo su potencial? ¿Cuáles son las áreas clave donde debe tener recursos, herramientas y acompañamiento real? Estas son algunas de las preguntas que se hizo Valeria Aragón, autora de 'Educar rompiendo el molde' (2025, Plataforma Editorial), coach profesional, fiel defensora del aprendizaje continuo y madre, antes de escribir su libro y crear el 'Método de los siete colores', un método con el que ha acompañado a muchas familias en los 18 años de su carrera. En él propone un marco práctico, visual y accesible para acompañar el desarrollo integral de niños y adolescentes en siete áreas clave: identidad, inteligencia emocional, creatividad, talento, acción, bienestar y propósito. Cada una de estas áreas corresponde a un color. Pero, ¿dé qué trata y cómo lo pueden usar los padres y educadores?

Así lo explica ella misma a la web de Informativos Telecinco: "Este método enseña a educar viéndonos, tal como explico en el libro: entender que, como adultos, muchas veces reaccionamos desde nuestras propias prisas, miedos y experiencias no resueltas. Y que, si no somos conscientes de ello, podemos acabar tratando de resolver nuestro hijo, lo propio sin resolver. Cuando el adulto no se ve a sí mismo, corre el riesgo de invisibilizar la realidad del niño, de intervenir donde no toca o de juzgar lo que simplemente no comprende. Y eso no solo dificulta el apego seguro, sino que también dificulta que el propio niño pueda tener consciencia de sí mismo y desarrollar todo su potencial".

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Es un método para el día a día que ofrece herramientas prácticas, desde cómo retirar etiquetas con las que los niños ya se han identificado y que los limitan, cómo acompañarles a regular cualquier emoción —por ejemplo, la rabia ante un conflicto con un hermano—, cómo impulsar su autonomía sin recurrir a castigos ni estrategias que generan miedo; cómo ayudarles a reconocer sus talentos y potencial antes de decidir qué estudiar o cómo entrenar una mente crítica y flexible que favorezca la resiliencia y abra oportunidades donde antes solo había rigidez. "Pero sobre todo, el método ayuda a los padres a prepararles para la vida a todos los niveles, incluyendo cómo cultivar aquellas habilidades humanas que ninguna IA puede reemplazar", añade.

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El método de los siete colores

Valeria ha utilizado siete colores para que fuera más práctico y para simplificar. Cada color nombra un área del desarrollo del potencial -cada una cuenta con un propio capítulo en el libro- para aplicarlas en la vida. El capítulo azul habla de identidad, de cómo un niño empieza a verse a sí mismo y a forjar una identidad sana; el rojo sintetiza aspectos clave la inteligencia emocional, que van desde lo que interpreta hasta cómo se regula a través del cuerpo; el capítulo verde se centra en encontrar más de una solución a un mismo problema, entrenando esa flexibilidad mental con la que imagina, conecta ideas y descubre posibilidades; el turquesa apunta al talento, a lo que se le da bien, lo que disfruta y lo que, con el tiempo, podrá poner al servicio del mundo; el amarillo aterriza la acción, ese camino que va del deseo a la organización, la constancia y el paso concreto; el malva recoge herramientas para el bienestar, la autobservación, el autocuidado, la presencia y la relación que aprende a construir con su propio cuerpo; y el blanco en el centro de todo ilumina el sentido y el propósito que orienta y prioriza sus decisiones y sus movimientos en la vida.

Sin embargo, en todos ellos, hay tres colores que tienen más peso: inteligencia emocional, que es el rojo, la creatividad, que es el verde, y la identidad, que es el azul. Esto se debe a que son la base de todo lo demás. "Sin trabajar la identidad (azul), el niño puede estás limitado por una baja autoestima o el peso de las expectativas y acabar viviendo a merced de lo que otros opinan de él. Es mucho más fácil que se pierda por encajar. Mientras que sin inteligencia emocional (rojo), lo que se siente puede desbordar, especialmente si en casa no se validaron las emociones y se tenían que tener "razones" hasta para llorar. Y, sin entrenar la creatividad (verde), el sistema educativo actual puede "educastrar" su curiosidad innata. Puede acomodarse a que otros piensen por él y le digan qué pensar, en lugar de enseñarle a pensar por sí mismo, y eso implica perder flexibilidad para adaptarse, buscar soluciones y generar ideas nuevas. Y hoy, en un mundo hipercambiante y condicionado por algoritmos de IA, esa flexibilidad es sinónimo de pura resiliencia y capacidad de aprender a aprender".

"La clave es distinguir entre emoción y comportamiento: las emociones no se corrigen, los comportamientos sí"

¿Cómo se fomentan cada uno de estos tres colores?

Para que un niño tenga su identidad, Valeria Aragón propone dejarles tomar decisiones reales según su edad y hacerles sentir que son vistos. Para empezar, hay que empezar a cuidar el lenguaje. “Esto que has hecho no está bien” no es lo mismo que “eres un desastre”. Un “¿es que quieres sacarme de quicio?” no se parece en nada a un “debes de tener una buena razón para reaccionar así; quiero entenderte”. Devuélvele un espejo donde pueda reconocer sus recursos sin caer en halagos o etiquetas positivas; no señales solo sus fallos y permítele ser él mismo, aunque no encaje en la idea del hijo o alumno ideal que tenías en la cabeza".

La inteligencia emocional, esa que tanto preocupa a los padres, no es fácil de fomentar. Para ello, la experta en educación propone poner más el foco en las emociones. "La clave es distinguir entre emoción y comportamiento: las emociones no se corrigen, los comportamientos sí". Y, ¿qué hacemos con la creatividad? ¿Cómo conseguimos que la fomenten? Un paso es estimular su cerebro permitiendo el aburrimiento, el juego libro, celebrar ideas locas y dejar de lado las pantallas, ya que está demostrado que matan la creatividad. "En casa podéis entrenar la fluidez encontrando 50 usos distintos para un cepillo de dientes, dar un paso más allá en la adolescencia y permitir sin represalias que cuestionen las ideas establecidas, invitarles a explorar escenarios posibles y a plantear cómo se enfrentarían de formas diferentes a la adversidad de esos nuevos escenarios", señala Valeria que, además, lidera Eleva, un proyecto educativo y de desarrollo del potencial humano, y Kolbi, la primera IA pedagógica y ética creada para acompañar el aprendizaje.

Todo lo que se puede hacer en casa para fomentar el aprendizaje de los hijos

A muchos padres les preocupa que en la escuela sus hijos no estén desarrollando todo su potencial. En este sentido, Valeria asegura que hay mucho por hacer, y que desde el hogar, se pueden cuidar la identidad, emociones y creatividad. Estas son sus sugerencias:

  • Convertir el hogar en un microclima de seguridad y sentido. Un espacio donde el niño sepa que su valor no depende de las notas ni de su comportamiento perfecto. Donde entienda que el amor que recibe no fluctúa en función de logros, premios o sanciones.
  • Acompañarle a resignificar lo que vive, especialmente con sus compañeros: ayudarle a interpretar mejor lo que ocurre, darle herramientas para resolver conflictos propios del mundo infantil y enseñarle a encontrar alternativas sin asumir que los demás o sus actos le definen irreversiblemente.
  • Y si son los maestros quienes están impactando negativamente, es importante hablar con la escuela y buscar aliados. A veces no cambia la estructura, pero sí puedes encontrar un docente que vea al niño. "Esto ocurre cuando no vamos a “lavarle la cara” ni a defender a capa y espada a nuestro hijo, sino a transmitir que tenemos el mismo objetivo: su bienestar, aunque las formas de llegar a él necesiten ajustes por ambas partes".

Y recuerda que no siempre podemos cambiar la escuela, pero sí podemos reforzar al niño para que la escuela no le quiebre por dentro.