África, la joven de 16 años con un coeficiente de 150 que en septiembre empieza la universidad: "Aprendí a leer con tres años"

Hablamos con África Mateos Bou, una joven de 16 años con altas capacidades que entrará dos años antes en la universidad
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Cuando era pequeña, África Mateos tardó más que otros niños en empezar a hablar. No es que no comprendiera lo que ocurría a su alrededor, porque entendía todas las consignas que le daba su madre, Eva; es que ella, como preludio a sus altas capacidades, ya hacía lo que Aristóteles aconsejaba hacer a todo hombre sabio: pensar antes de pronunciar una sola palabra.
Afortunadamente, en ese momento, ningún médico sin formación específica vio su mutismo como un TEA incipiente o problema que diagnosticar - una manía insana cada vez más común sobre los niños con desarrollos diferentes - , sino todo lo contrario. La familia de África dejó que fuera ella misma quien decidiera cuándo quería comunicarse verbalmente y resulta que, cuando lo hizo, no parecía una niña:
"Pasó de no hablar a hacerlo como si ya fuera una adulta. No tuvo esa etapa en la que los niños hablan como indios, ella ya hacía construcciones verbales maduras", nos ha contado su madre en una entrevista exclusiva con Informativos Telecinco web.

"Con tres años, leyó un cartel de un supermercado"
Ahí, Eva se dio cuenta de que algo no era normal. Una sospecha que se materializó cuando, a los tres años, se percató de que África ya sabía leer y de que había aprendido a hacerlo por sí sola: "Estábamos de viaje y, en un supermercado, me dijo: "Mira mamá, hay pone salida (sortida en valenciano)". Yo le pregunté si alguien se lo había dicho y me dijo que no, que ella había "juntado las letras", recuerda. Un signo evidente de que su hija era más lista de lo normal, sin que éste fuera el típico pensamiento que todo padre tiene.
A los siete años y, después de haber estudiado piano por iniciativa propia, África fue diagnosticada con altas capacidades. Algo que, en el colegio de Almenara, Castellón, al que iba, era toda una novedad. Con un cociente intelectual de 150, y sin antecedentes en la familia, su madre supo que tenía que informarse bien sobre cómo educar a su hija en base a su capacidad intelectual y con el firme objetivo de que no sufriera el handicap que, muchas veces, va ligado a la genialidad: el fracaso escolar.

África se saltó dos cursos para evitar el fracaso escolar
"Yo, con la orientadora de su centro escolar, Ana, me puse muy encima de sus profesores porque, de hecho, África era la primera niña del colegio diagnosticada con altas capacidades. Luego, gracias a ella, se han diagnosticado otros cinco casos más. Decidimos que saltara un curso porque se aburría con la materia y eso hizo que su comportamiento no fuera bueno en clase. Era muy raro en África. Y, al verse motivada de nuevo, todo mejoró", apunta Eva, aunque no todo fue un camino de rosas en el centro.
Subir un curso en primaria no fue conflictivo para el claustro pero, cuando la niña pidió pasar a Bachillerato, muchos docentes pensaron que no estaba preparada. Sin embargo, durante una reunión, escucharon sus argumentos y aceptaron, concluyendo África su etapa escolar con un Premio Extraordinario, un 12,7 en la PAU y matriculándose, con tan solo 16 años, en la universidad de Castellón.

"Quiero estudiar Química y hacer nuevos amigos"
Allí, quiere estudiar Química pero, sobre todo, tener acceso a nuevos amigos que, aunque sean mayores que ella, está segura de que le generarán mucho interés. "Tengo ganas de cambiar de etapa y de empezar una nueva y, sobre todo, de conocer a gente y hacer nuevos amigos. También tengo muchas ganas de estudiar química, centrándome en el ámbito de la salud y la investigación para mejorar la vida de las personas, ya sea previniendo enfermedades o encontrando curas", asegura en la entrevista.

Aunque es cierto que se "aburre" con algunos temas de conversación de los chicos y chicas de su edad, como "un contenido viral", África rompe con el mito de que todos los jóvenes con altas capacidades tienen problemas en sus relaciones sociales. Al menos, más que cualquier otro adolescente común:
"Tengo la suerte de que siempre he sabido adaptarme muy bien y de que, como he hecho muchas cosas, como entrar en el conservatorio de música o practicar gimnasia, tengo amigos de todo tipo. Cuando subí de curso, también hice muy buenos amigos y conservo a los de toda la vida", ha dicho, esperando conocer gente nueva que amplíe (aún más) sus fronteras mentales.
Lo que sí ha tenido que trabajar especialmente, de la mano de su madre, ha sido el nivel de autoexigencia. "Para ella, sacar un 8,5 en un examen de una asignatura que casi nadie aprueba era una mala noticia y hemos tenido que trabajar mucho esas cosas", concluye Eva, quien también quiere alzar la voz para desmentir que tener un hijo con altas capacidades es siempre algo ideal.
